Hacerse un manitas por necesidad

Cuando yo era pequeño siempre miraba a mi padre con admiración cuando se ponía a arreglar cualquier cosa en casa. Era increíble y aun hoy me resulta algo inalcanzable para mí: esa habilidad innata para solventar cualquier pequeña avería o hacer cualquier pequeña obra en casa. ¿Cómo se puede saber un poco de electricidad, un poco de albañilería, otro poco de fontanería, etc.? Acumulando experiencia, ¿no?

Y es que claro, desde pequeño, mi padre siempre tuvo mil y una actividades. Los tiempos han cambiado mucho. Mientras yo me dedicaba siendo niño a estudiar y jugar a la consola, él fabricaba coches con tapas, cuerdas elasticas, piedras y cartones. Su habilidad con las manos, al parecer, ya era legendaria en su pueblo y otros niños acudían a él para que les perfeccionara los juguetes.

Después empezó a trabajar e hizo un poco de todo en sus primeros años. Así es que cuando se casó y tuvo hijos, en su casa nunca se necesitó a un manitas: él era el manitas. A no ser que la avería o la obra fuesen considerables, mi padre se encargaba de todo, y casi siempre lo hacía bien.

Ahora que yo soy padre, temo que mi hijo, cuando crezca, no sienta esa admiración cuando me veo con el destornillador en la mano. Creo más bien que va a decir: “papá, lo estás haciendo mal, déjame a mí, que en el cole me han dicho cómo se hace”. A lo mejor la habilidad manual me ha saltado y pasa directamente a mi hijo, ¿no?

De cualquier forma, a pesar de que mí no me va mucho lo de la ‘bricomanía’, me he visto en la obligación de aprender lo básico. Cuando llegas a una casa nueva sin muebles y te toca a ti montarlo todo, o aprendes a  usar el destornillador y el martillo o te sientas en el suelo a comer. Las modernas tiendas de muebles, ya se sabe, ‘obligan’ a montar tus propios muebles si quieres aprovecharte de que sus precios son un poco más bajos. Así que yo también me estoy haciendo un pequeño manitas, aunque me temo que todavía no soy capaz de fabricar coches de juguete con cuerdas elasticas, un par de cartones y unos tapones.

¿Qué hago con mi pelo?

Si las peluquerías dependieran de personas como yo, cerrarían un 80%. No me gusta cambiar demasiado de peinado y suelo aparecer por la peluquería cada 4 meses o así porque ya lo tengo demasiado largo. Así que con tres cortes de pelo al año no se puede llegar muy lejos…

Pero está claro que la mayor parte de la gente hace mucho más uso que yo de la pelu. No creo que nadie se enfade si digo que las mujeres van mucho más que los hombres. Y gastan mucho más. A veces me cuentan lo que se gastan mensualmente en peluquería, entre cortar, teñir, etc. y no acabo de creérmelo. Pero es que además se ponen de moda cosas nuevas como las extensiones de pelo con cinta elástica, los cortes revolucionarios o los tintes imposibles. Y todo eso cuesta dinero.

De cualquier forma, los tiempos cambian y ahora los hombres también acuden puntuales a su cita con la peluquería. Yo creo que las grandes estrellas del cine y la televisión o los futbolistas han influido mucho en este tema. Existen determinados jugadores que cambian casi cada semana, cada vez que saltan al campo llevan un corte nuevo.

No hay duda de que en determinados trabajos, sobre todo de cara el público, se nos exige un cuidado en nuestra apariencia física y modo de vestir. Existen muchas historias de entrevistas de trabajo en la que se descartan candidatos por no llevar traje o aparecer con el pelo sin arreglar.

Hace un tiempo, una amiga estaba preocupada porque iba iniciar un proceso de selección en una gran multinacional. Hacía unos meses se había rapado el pelo para hacer un cambio radical. Al principio tuvo su gracia pero luego se dio cuenta de lo que cuesta que el pelo crezca…

Tenía miedo de iniciar la fase de entrevistas personales porque tenía el pelo demasiado corto. Yo no lo veía para tanto, pero ella terminó por consultar en una peluquería y se puso extensiones con  cinta elástica para acudir a la entrevista. Tuvo éxito. Vivimos en un mundo en el que la apariencia es nuestra primera carta de presentación y tenemos que jugar bien nuestras cartas.